2 mar. 2010

El baile de disfraces

Una pareja de casados estaba invitada a una fiesta de disfraces, pero a ella le dolía muchísimo la cabeza, y le dijo al marido que se fuera solo.
El protestó, pero ella le dijo que se iba a tomar una aspirina y que se iba a ir a la cama, que no había necesidad de que él se quedara en la casa.

Así que el marido se puso el disfraz y se fue.

La mujer, después de dormir una hora se despertó bien, sin dolor. aún era temprano, y decidió ir a la fiesta. Como el marido no sabía cuál era su disfraz, ella pensó que sería divertido observar cómo actuaba cuando estaba solo.

Ella llegó a la fiesta y enseguida vio al marido bailando en la pista con cada chica con la que se cruzaba, tocando un poco por acá y tirando besitos por allá. La mujer se le acercó y empezó a seducirlo.

Él dejó a la mujer con la que estaba y se dedicó a la recién llegada. Ella lo dejó avanzar todo lo que él quisiera; total, ¡era su marido!

En un momento, él le susurró una proposición en el oído, y ella la aceptó. Salieron, entraron a uno de los autos y tuvieron relaciones desenfrenadas, de todas las maneras y posiciones.

Antes de desenmascararse, a medianoche, ella se escabulló. Fue a su casa, se quitó el disfraz y se metió en la cama, preguntándose qué clase de explicación le iba a dar su marido.

Cuando él entró, ella estaba sentada en la cama, leyendo y le preguntó:

- ¿Cómo te fue?

- Bueno, lo de siempre - dijo él-. Ya sabes que no la paso bien cuando no estoy contigo.

-¿Bailaste mucho? le pregunta la mujer.

A lo que él contesta:

- Ni un solo baile. Cuando llegué, me encontré con Andrés, Juan y otros amigos, así que nos fuimos a una sala y estuvimos jugando al poker toda la noche.

¡Lo que no te vas a creer es lo que le pasó al tipo al que le presté mi disfraz!

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