5 sept 2011

El banquero generoso

Una tarde un famoso banquero iba en su limusina cuando vio a dos hombres a la orilla de la carretera comiendo césped.
Preocupado, ordenó a su chofer detenerse y bajó a investigar.
Le preguntó a uno de ellos:
- ¿Por qué están comiéndose el césped?
- No tenemos dinero para comida, -dijo el pobre hombre- por eso tenemos que comer césped.
- Bueno, entonces vengan a mi casa que yo los alimentaré - dijo el banquero.
- Gracias, pero tengo esposa y dos hijos conmigo. Están allí, debajo de aquél árbol.
- Que vengan también, -dijo nuevamente el banquero.
Volviéndose al otro pobre hombre le dijo:
- Ud. también puede venir.
El hombre, con una voz lastimosa dijo:
- Pero, Sr., yo también tengo esposa y tres hijos conmigo.
- Pues que vengan también -respondió el banquero.
Entraron todos en el enorme y lujoso coche. Una vez en camino, uno de los hombres miró al banquero y le dijo:
- Sr., es usted muy bueno. Muchas gracias por llevarnos a todos.
El banquero le contestó:
-¡Hombre, no tenga vergüenza, soy muy feliz de hacerlo!. Les va a encantar mi casa…. ¡El césped está como de veinte centímetros de alto!

Moraleja:
Cuando creas que un banquero te está ayudando, piénsalo dos veces.

4 sept 2011

El cumpleaños del anciano

En una residencia de ancianos un viejecito muy contento le dice al primero que pasa:
- Oye Manolo, hoy es mi cumpleaños, a qué no adivinas cuantos años tengo.
- Setenta y siete.
- No, solo 75.
- Jo, tio, que bien te conservas.
El del cumpleaños sigue andando y se encuentra con otro conocido:
- Pepe, a qué no adivinas cuantos años cumplo.
- ¿Setenta y ocho?
- No, setenta y cinco.
- Enhorabuena !
A continuación se encuentra con una viejecita desvalida.
- Oye María, a qué no sabes cuantos años tengo.
- Bájate la bragueta.
- ¿Qué?
- Que te bajes la bragueta.
El del cumpleaños se baja la bragueta, María le mete la mano, y tras palpar un rato le dice:
- Pues hoy cumples 75 años.
- Pues si. ¿Y cómo lo has sabido?
- Porque te he oído hablar con Manolo y con Pepe pero me apetecía tocarte un poco los huevos.

3 sept 2011

El hombre de mi vida me ha dejado.

Después de treinta años de desvelos, de darlo todo por él, de esperarlo despierta cuando salía con los amigotes, se ha ido de casa. Y no es que se haya ido con otra, que eso lo entendería. ¡No! encima tiene la poca vergüenza de decirme:
- Mamá, es que necesito espacio. Ya soy mayor.
¡Mayor! Pero.. ¿dónde va esa criatura con 30 añitos? Ahora, que yo se lo he dicho, eh?
- Parece mentira, dejarme tan pronto, hay que ser mal hijo... Y me dice:
- Pues Jesucristo se fue de casa con 30.
- ¡Y mira cómo acabó! ¡No llegó a los 34!
En fin... Ya lo voy llevando mejor... Pero el día que se fue, yo creí que me daba algo. El niño allí, recogiendo sus cositas. Cuatro chorradas, porque... ¿Qué se va a llevar el pobre, si no tiene nada suyo?, pues todo lo nuestro.
Pero fui yo la que se lo dije:
- Anda, tonto, llévate la tele pequeñita... y la minicadena... y el DVD... y ¡la lavadora!
Pero es más bueno! Ahí ya me dijo:
- No, mamá, la lavadora, no... que no tengo ascensor. Ya me la traes tú cuando vengas a verme.
¡Mi niño! Menos mal que no tengo tiempo de pensar en él, porque estoy todo el día ocupadísima haciendo croquetas para mandárselas. Que sino, se pasa la vida llamando a Telepizza. Y cuando estoy liada en la cocina, mi marido viene por detrás, como un niño chico, a robarme las croquetas. Y yo:
- ¡Deja eso ahora mismo! ¡Que son para el niño!
- ¿Y yo qué ceno?
- ¡Pues yo qué sé,...! ¡Llama a Telepizza!
Pero luego me da pena, el pobre... que, al final, siempre le digo:
- Andaaa... déjalo... Ya llamo yo: ¿margarita o cuatro quesos?
Bueno, y me he comprado un móvil, que puedo hablar con el niño el tiempo que quiera por cinco euros. Eso sí, sólo podemos hablar de ocho a diez, como en la cárcel... Pero, a veces, no aguanto más y lo llamo fuera de horario, a escondidas de mi marido. Que parece que tengo un amante:
- Cariño, te tengo que dejar, que ha llegado papá.
Y cuando mi marido me pilla:
- ¡Ha llamado él, ha llamado él! Huy... qué mimoso está... Éste en dos días esta aquí.
Pero, por fin, cuando dan las ocho, y ya puedes hablar con él, libremente, de todas nuestras cosas...
- Hola lechoncito, soy mamá... ¿Qué tal el día?
- Bah...
- ¿Qué haces?
- Pssss...
- ¿Has cenado ya?
- Pschá...
- Bueno, no tienes ganas de hablar, no?
- Bah...
- Bueno, pues adiós. ¡Manolo, el niño me ha colgado el teléfono!
Y mi marido:
- Cariño, es que te pones muy pesada...
- ¡Ahhhh! ¿Pesada yo? ¡Pesada tu madre, que hay que ir todos los años a ponerle flores!
Al principio no te atreves a tocar nada de su habitación, porque tienes la esperanza de que tu hijo se dé cuenta de que no puede vivir sin ti y vuelva.
Pero la semana pasada... abrí los ojos. Le llamo, y me sale una voz de mujer:
- ¿Diga??
Y colgué inmediatamente. Volví a marcar... y ya me sale el niño. Y le digo:
- Oye, ¿quién era ésa?
Y él:
- Una amiga
- ¡Ay, menos mal! Creí que era otra madre... Bueno, ¿y qué estáis haciendo?
- Pues nada, comiendo...
- ¡Ah, muy bonito! ¡Yo todo el día encerrada en la cocina para que venga una guarra cualquiera a comerse mis croquetas!
- No, si ella no come, no le gustan...
- Ah, ¿no le gustan? Mírala, qué fina...
- Ahí me enfadé tanto que decidí hacerle caso a mi marido y convertir la habitación del niño en el cuarto de la plancha. Y me pongo allí a organizar el altillo... sus libros, sus cómics, sus revistas porno... Y de pronto, me dije: "¿A ver si las va a necesitar?"
Claro, porque cualquier pretexto es bueno para ir a ver a tu hijo... Pero, de repente, encontré la excusa perfecta: su ajedrez del centenario del Real Madrid. Con el sacrificio que hizo para reunir las piezas, ¡que estuvo un mes comprando La Razón...! Así que al día siguiente le llevé un peón... Al otro, un alfil.... Al otro, una torre... Y él:
- ¿Pero no me puedes traer todas las fichas a la vez?
Y yo:
- Ah... es que como te hizo tanta ilusión reunirlas por entregas....
Y mi marido se hace el duro, pero también tiene sus sentimientos. El otro día fui yo quien le pillé a él hablando con el niño fuera de horario, y con una voz de angustia le decía:
- Hijo mío... ¡mándame una croqueta...!
Ahí me di cuenta de que me estoy pasando... Que hay un montón de experiencias nuevas que vivir con mi marido. Así es que voy a empezar a disfrutar de esta segunda luna de miel. Voy a ver si lo animo, y nos vamos juntos a... llevarle la lavadora al niño. Y así el pobre prueba las croquetas, que está tan flaquito que parece que el que se ha independizado es él.

2 sept 2011

La máquina de la farmacia

- Manuel, me duele mucho el hombro. Creo que debería ir a ver a un doctor.
- Tranquilo, Andrés. Hay una máquina en la farmacia del pueblo que puede detectar cualquier enfermedad mucho más rápidamente que un médico.
- ¿Y cómo funciona eso?
- Simplemente tienes que poner una muestra de tu orina y la máquina diagnosticará tu problema. Además te dirá qué puedes hacer para solucionarlo. ¡Y sólo cuesta un euro! ¿No te parece maravilloso?
Así que Andrés llenó un frasco con su orina, fue a la farmacia, puso la muestra dentro de un tubo que sobresalía de la máquina y depositó el euro en la ranura. El invento comenzó a hacer ruidos, a encender y apagar luces y, tras una pequeña pausa, salió un papel que decía:
"Usted tiene hombro de tenista: Frote su brazo con agua bien caliente y sal. No haga esfuerzos físicos. En dos semanas va a estar mucho mejor."
Andrés pensó que aquello era demasiado y que tenía que haber trampa, así que volvió a su casa y mezcló agua del grifo, con un poco de excremento del perro y pis de su hija y de su mujer. Para terminar, se masturbó y añadió su semen al tarro.
Lo agitó todo bien, regresó a la farmacia y metió otro euro. ¡Luces, sonidos! Y la máquina imprimió el siguiente análisis:
"Su agua es demasiado impura: cómprese un purificador. Su perro tiene parásitos: dele vitaminas. Su hija es drogadicta: llévela a terapia. Su esposa está embarazada, no es suyo: consiga un abogado... Y, si no deja de masturbarse, jamás se le va a curar ese hombro"

1 sept 2011

Se puede vivir sin internet

Un desempleado se presenta a Microsoft para optar a un empleo como limpiador de retretes.
El Jefe de Personal lo entrevista y al final le informa:
- El empleo es suyo. Le vamos a dar el trabajo; así que, por favor, deme su dirección de e-mail para que podamos informarle de qué día tiene que empezar.
El parado, con vergüenza, confiesa que no tiene ordenador, y menos dirección de correo electrónico.
El jefe le responde:
- Si no tiene dirección electrónica entonces Ud. virtualmente no existe. Y si Ud. no existe, entonces no puede trabajar en nuestra empresa.
El hombre, desesperado, se retira. Con sus últimos euros compra 10 kilos de frutas y empieza a venderlos de puerta en puerta. En dos horas recupera el dinero invertido más 50 euros de ganancia, y como es pronto repite la misma operación 3 veces más durante el día.
Descubre que esto es un buen negocio y el día siguiente se levanta temprano y compra, 4 veces más fruta.
Al poco tiempo compra una moto para reparto, después una furgoneta y más tarde un camión, y termina teniendo una empresa de reparto a domicilio.
Cinco años más tarde es el dueño de una de las empresas alimenticias más grande del país.
Empieza a pensar en su vejez y entra en negociaciones para contratar un plan de pensiones. Encuentra una propuesta que lo convence y el agente de la compañía de seguros le pide su dirección de correo electrónico.
- ¡Lamentablemente, yo no tengo e-mail!
- ¡Es increíble! –se sorprende el agente. Creó este imperio en 5 años y no tiene e-mail... ¡Imagine a dónde habría llegado si lo tuviese!...
Y contesta el hombre:
¡ESTARÍA LIMPIANDO RETRETES EN MICROSOFT!

- 1ª enseñanza:
¡Se puede vivir sin Internet!
- 2ª enseñanza:
Si no tienes ordenador y trabajas mucho, ¡también tú puedes ser millonario!
- 3ª enseñanza:
¡Esta historia la has leído a través de internet por lo tanto estás más cerca de limpiar retretes que de ser millonario...

Gracias Carme por el envio.

Los métodos del nuevo jefe

El nuevo jefe estaba decidido a realizar todos los cambios necesarios para mejorar la productividad de la empresa. Lo primero que hizo fue reunir a todo su equipo de asesores e ir a la fábrica para hacer una inspección.
Allí todos trabajaban duro, excepto un chaval que estaba apoyado en la pared, con las manos en los bolsillos. El jefe pensó que aquella era una buena oportunidad para dejar bien clara su nueva metodología...
- Disculpe, joven... ¿Puede decirme cuánto gana usted al mes?
- Unos 500 euros, señor.
El jefe sacó un billete rosa del bolsillo y se lo tiró al chaval.
- Pues aquí tiene su sueldo de este mes. Ahora desaparezca y no quiero volver a verle por aquí.
El muchacho lo miró extrañado, guardó el billete y se fue corriendo. Entonces el jefe, orgulloso, espetó a los otros trabajadores, totalmente atónitos ante lo sucedido:
- A partir de ahora, así se harán las cosas en esta empresa. Por cierto... ¿cuál era el trabajo de ese gandul?
- Verá, señor... Vino a entregar una pizza...